«Nunca como hoy la civilización humana había estado en peligro de su extinción».
— Fidel Castro (A 100 años de su natalicio)

Fidel Castro, 100 años de su natalicio.
Donald Trump afirmó públicamente que el arsenal nuclear de su país tiene la capacidad de destruir 150 veces el planeta.
I. La anatomía de la barbarie imperial
La historia universal ha tenido episodios dramáticos: el nacimiento, el fin y la decadencia de los imperios y su devenir están marcados por ser sangrientos e impregnados de barbarie. Mortal fue el imperio romano y el mongol, o el persa en la antigüedad; bárbaro fue el imperio inglés y el español en plena modernidad.
«Como bárbaras fueron las hordas hitlerianas, yanquis y también las belgas; es la naturaleza del imperialismo, cuya bestialidad no tiene fronteras ni límites». — Che Guevara
Desde su fundación, la alianza de los Estados inició campañas de expansión y control en el Caribe y en su vecino del sur, México, para después participar en guerras bananeras en Centroamérica y el Caribe.
«Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad». — Simón Bolívar
En los dos conflictos bélicos mundiales, el más sangriento de ambos, la Segunda Guerra Mundial, dejó un saldo horroroso y la utilización de una bomba atómica, comenzando así la era nuclear que se ha convertido en uno de los problemas más grandes de la sociedad contemporánea.
La operación militar secreta conocida como Little Boy arrasó solamente en Hiroshima con el 90 % de la ciudad, acabando con más de 140 mil de sus habitantes. Su poder destructivo es recordado en el Museo de la Paz en dicha ciudad, donde se exhiben vestigios de los momentos destructivos de la bomba desde su transporte en avión a unos 6,000 metros de altura sobre el suelo de Hiroshima, cuyo peso era de cuatro toneladas, tres metros de largo por tres de ancho, y en cuyo interior había uranio.

Su poder destructivo se evidencia en sus efectos principales:
- La ola de calor.
- La onda expansiva.
- La radiación.
- Los incendios.
Estos dejaron la destrucción de vidas y edificios, quemaduras y consecuencias sanitarias posteriores.
II. La disyuntiva atómica y la hegemonía global
La Primera y la Segunda Guerra Mundial terminaron sin una cultura para la paz, dejando una disyuntiva no resuelta hasta el día de hoy. Por un lado, las naciones que conservaron el privilegio de su soberanía alcanzaron a obtener la bomba nuclear como disuasivo y, alrededor de esta tecnología, el desarrollo energético nuclear: unas experiencias bajo el derecho internacional con la supervisión de la Comisión de Energía Atómica y otras sin este consenso internacional, como es el caso de Pakistán, Corea del Norte e Israel.
Basta con decir que los sabios que se integraron al proyecto génesis de la bomba (Proyecto Manhattan) determinaron al menos que se debía compartir esta tecnología a las principales potencias del momento, ante el temor de que la potencia hegemónica poseyera una hegemonía mundial que derivase, por la superioridad militar, en una dictadura global.
III. La Crisis de Octubre y la lección de dignidad cubana
La carrera atómica comenzó dando inicio a la Guerra Fría y tuvo su momento más álgido en la Crisis de los Misiles, que involucró a las principales potencias globales y a una isla rebelde del Caribe americano. Los representantes de esta tríada también fueron figuras destacadas en el terreno internacional: Kennedy, Kruschov y Fidel Castro.
La Revolución Cubana desde su inicio fue asediada militarmente; los planes de Bahía de Cochinos habían fracasado y los soviéticos sabían que se preparaba una invasión. El Comité Central de Cuba determinó que, ante esta difícil coyuntura, se aceptaría la propuesta de los soviéticos: utilizar 42 proyectiles cargados con ojivas nucleares de medio alcance. Las fuerzas terrestres y navales serían reforzadas con lanchas coheteras y un regimiento de aviones MiG-21, junto a 300 mil hombres de la fuerza popular cubana dispuestos a defender su soberanía.
Mientras tanto, Kennedy respondió con un bloqueo naval de 183 buques de guerra, 8 portaaviones, 40 mil infantes de marina, 579 aviones y cinco divisiones del ejército. Por primera vez, la potencia fue amenazada a 150 millas de su territorio. Finalmente, el 28 de octubre, los soviéticos cedieron ofreciendo el desmontaje de los cohetes a cambio de que Estados Unidos desmontara los cohetes SS-4 que poseía en Turquía.

Fidel mostró su desacuerdo y protestó ante la ausencia de consulta a un pueblo soberano que, posterior a este desenlace, ha sufrido el bloqueo económico más largo de parte de una potencia a un pueblo: 62 años de bloqueo económico que hoy se recrudece en medio de amenazas militares a un pacto que aseguró la estabilidad global, el cual fue firmado entre el gobierno estadounidense y las fuerzas armadas y que, a pesar de la caída de la Unión Soviética, aún persiste. Las actuaciones de un jefe de Estado en semejante crisis dejan en evidencia la estatura moral de Fidel al apegar el derecho de defensa a la legalidad internacional y al exigir a esas grandes potencias no solo el respeto a la integridad territorial de Cuba, sino a la dignidad soberana nacional.
IV. Gaza, el Estrecho de Ormuz y la urgencia de la paz
Por otro lado, en la multicrisis de la era global, Kennedy pretendió regularizar su uso y solo competir con la URSS. El Pentágono parecía, según registros históricos y por sus actuaciones en la crisis de los misiles, tener otra estrategia. Mientras tanto, el desarrollo nuclear sin supervisión involucró a las principales potencias, las cuales proliferaron su arsenal atómico en una carrera por disuadir al otro. Hoy Rusia y Estados Unidos poseen las ojivas nucleares suficientes para destruir el planeta varias veces.

Asimismo, las guerras por influencia y convencionales, como la guerra de Corea o la de Vietnam, sin involucrar el poder atómico, también fueron dramáticas al sobrepasar en número la cantidad de bombas y su poder destructivo de TNT, así como el uso de guerra química, provocando no solamente pérdidas materiales y humanas, sino también graves daños ambientales.
En la posguerra fría y en el siglo XXI presenciamos episodios dramáticos en el Medio Oriente y en África: un resurgimiento de conflictos civiles y agresiones como la de Gaza, donde ante nuestros ojos se está ejecutando un genocidio en el que se ha utilizado más poder destructivo en TNT con armas convencionales que todo el arsenal que contenían las bombas de Hiroshima y Nagasaki en un espacio más reducido, aniquilando a un pueblo entero.
El conflicto por el estrecho de Ormuz, que involucra a todos los países de la región del Medio Oriente por donde transita más del 70 % de los recursos energéticos a nivel global, ve el peligro de desatar una escalada mayor en un conflicto que ya es global. Aquí coincidimos en que la proliferación de la energía atómica para uso militar y disuasivo no es la solución. ¿Por qué no reducir los presupuestos en gasto militar y resolver los problemas de hambre y pobreza?, se pregunta Fidel. ¿Por qué no centrarse en una educación para la paz? La propuesta de abrir un diálogo entre civilizaciones es también correcta, pues frente a la agresión imperialista, la sed del complejo militar e industrial y las pretensiones de hegemonía unipolar que han destruido civilizaciones, la urgencia del derecho a la soberanía de los pueblos es inclaudicable.

